Siendo niña participé en una variedad de obras, actos, bailes frente a todo el colegio o en los desfiles que había en conmemoración de Fiestas Patrias o aniversario del colegio, actividades para los papas, entre otros. En clases cada vez que podía participaba y si había que ir y presentarse ante otro curso solicitando algo o exponiendo sobre algún tema, no tenía problema en hacerlo. La timidez siempre me ha caracterizado, pero hasta ese entonces había logrado dominarla. Al llegar a la adolescencia ese gran esfuerzo fue derribado porque un profesor no aceptó un comentario que realicé en clases y por tanto mis compañeros se rieron y burlaron de mí. Desde aquel momento cualquier acotación que he hecho, ha sido estando completamente segura de lo que digo o en ausencia de los compañeros con los que tengo menos confianza. Cuando un profesor o ayudante (en la universidad) me interroga en clases, sucede lo mismo, si no estoy plena en mis conocimientos, evito la pregunta o simplemente respondo que no sé.
Como lo he comentado anteriormente, pienso que las verticalidades no son buenas para nadie, menos cuando se debe llevar a cabo un proceso tan importante en la vida de una persona y por ende en la vida de la sociedad, como lo es el de enseñanza aprendizaje. Las diferencias no facilitan el quehacer ni del profesor explicando los contenidos planificados para una clase, como tampoco la del estudiante en el rol de aprendiz, ya que el ver a un ente que explica y explica sin contemplar la presencia de dudas acerca de lo que expresa, porque o desarrolla muy bien su labor como docente o debido a que sus alumnos no le ponen atención a lo que señala y sólo cumple con su función que es entregar conocimientos.
Cuando existe un ambiente grato donde la más simple o más compleja de las preguntas, es aceptada, respetada, valorada es que se lleva a cabo un buen proceso, uno donde lo explicado y preguntado ha sido internalizado no sólo por los alumnos, sino también por el docente, que esta ocasión llamaré maestro. Sé que no es el término más adecuado, pero intento dar una mayor preponderancia al rol como profesor y así equilibrar “ese tan elevado conocimiento” con el del incipiente “sabio, pregunta todo” que sería el discente.
El colegio o más bien la sala de clases se transforma en nuestro hábitat (entiéndase como perteneciente a alumnado y profesor), es casi nuestro segundo hogar, pues allí pasamos gran parte de nuestro día. Es decir mi vida se desarrollará en un aula y no sólo la mía, la de ellos también; sus “grandes” problemas existenciales casi, serán enfrentados y solucionados en este lugar, por lo que tener un ambiente desagradable no es propicio para ninguno de los protagonistas de este proceso. Asimismo y observando la sociedad en su conjunto padece, padecemos de una falta de voluntad para hacer las cosas, llámese trabajo, estudios, actividades del hogar, diligencias para nuestro propio bienestar… lo que se intensifica en esta etapa de la vida de los educandos, por lo que la rigurosidad no es el mejor mecanismo de control sobre los alumnos.
A pesar de mi intención de eliminar las verticalidades, debo reconocer que en específico trataré de disminuirlas en la medida que me sea posible, debido a que no todos reaccionamos del mismo modo, algunos requieren de presión y rigurosidad para alcanzar las metas. No debo alejarme de la realidad, pues mis futuros educandos serán adolescentes, en su mayoría, por lo que adolecen de los adultos, pretenderán ser como, imitar ciertas cualidades y si me muestro con una conducta similar a la de ellos estaré provocando un serio problema. Otros prefieren un ambiente más distendido, donde cada uno forje, construya su aprendizaje, obviamente siendo guiados por una persona calificada para ello, como lo es un profesor.
Un hábitat agradable es atrayente, seductor para esta masa desmotivada y con confusiones triviales incluso.
Profesor y alumno en continua interrelación, donde el proceso enseñanza aprendizaje se elabora mediante la fluida comunicación entre profesor y alumno, creo que es una de las cualidades que deben poseer mis clases. La comunicación permite que el aprendizaje significativo que señala Ausubel, se lleve a la práctica.
Tal vez mostrarse como un participante más de la clase que no sabe más que el estudiante sea una técnica para otorgarle confianza en sí mismo, aunque erre en lo que plantea. Esto facilitaría la sorpresa, la atención que deben prestar los alumnos a su profesor. En otro aspecto, no sólo se le mantiene atento a lo que de dice, sino que igualmente se transforma en la trasmisión de valores, el de la humildad y no vanagloriarse de lo poco o mucho que se sepa. Actitud que le acompañará la vida entera.
Ser tolerante con las diversas posiciones, es otro aspecto que no se debe pasar por alto, si no se acepta lo que se está planteando, se le respeta, valora, se le contra argumenta…
El valorar a todos los alumnos, no sólo a los que ayudan o colaboran en las clases… todos por igual tienen habilidades, destrezas para distintos quehaceres, por lo que hay que darle tiempo de mostrar sus fortalezas, de desarrollar confianza en sí mismo y en el resto de sus compañeros; tal vez muchos de ellos lo han sido desde cursos anteriores, pero en esta etapa de cambio se reacondicionan sus cualidades y defectos.
Estos últimos planteamientos se hallan directamente relacionados con la confianza, cordialidad, familiaridad que se da en el aula.
¿Consideras que las verticalidades, las posiciones totalmente rígidas son propicias para alcanzar aprendizajes significativos?
¿Debe existir un ambiente donde profesor y alumno se comuniquen?
¿La comunicación es la base de un buen proceso de enseñanza aprendizaje?
1 comentario:
Estimada alumna:
Claridad de la expresión: la calidad de la redacción es buena, apreciándose tus concepciones con respecto al tema. Debes tratar el tema de las tildes para próximas publicaciones.
Argumentación: es bueno hablar desde la propia experiencia pero debes trabajar con la visión de autores para complementar tu trabajo. Es bueno observar una amplia gama de opiniones y contrastarla con la tuya.
Persuadir al lector: presentas un texto fluido, facilitando la lectura de la audiencia, quienes aprecian tus concepciones de manera clara.
Calidad de reflexión: debes interiorizarte con la labor que realizarás dentro de poco, ver las cosas y los problemas que les planteamos desde esa perspectiva por que tendrán que enfrentarla ¿Cómo lograrás motivar a tus alumnos? ¿Cómo lograrás mantener la disciplina, conjugándola con respecto y confianza? ¿Cómo hacer que tus alumnos no se confundan y que aprendan las materias? Todo eso y más es lo que tendrás que hacer cuando trabajes, desde ese prisma desarrolla todos tus futuros trabajos.
Compromiso con la audiencia: es bueno que dejes preguntas a tus lectores, así los motivas a participar.
tu nota es un 70
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